Psicoanálisis
Estoy llorando mucho, y me parece lógico, todo lo que no lloré (ni pensé) en 20 meses, me asalta como una abalancha en esta última semana.
Los dos peores días de mi vida, sin tener si quiera que pensar un segundo, fueron el 13 de Agosto del 2021 y el 8 de Marzo de 2022. Y no, el 12 de Agosto no fue el peor, aunque esta en el top 3. El 13 y el 8, en el entierro de cada uno, me flaquearon las piernas, y sentí que un poquito de mi quedaba adentro de un nicho, que, irónicamente, era el mismo. Quedaba con ellos porque no me sabía (ni sé aún) concebir sin mis papás.
No sólo se muerieron mis padres, aquellos en quienes confiaba para pedir un consejo, quienes me bancaban económicamente y velaban por mi bienestar (sacar turnos médicos, ir sola, hacer trámites? Que es eso? Tenía 22 años y no sabía cortame las uñas de los pies sola. Muy poco independiente de mi parte pero tenía a mamá, no necesitaba saberlo.) Ellos también eran mis mejores amigos, con quienes convivía (gracias cuarentena, porque por más mal que la pasara, me dejaste vivir el último año y medio de sus vidas al lado de ellos.), con quienes salía de vacaciones, a comer, de compras e incluso quienes compartían conmigo mis aciertos y fracasos facultativos. También comíamos muchos asados y cantábamos karaoke. Todos estos momentos, aunque, muy bien vivenciados y disfrutados, sabiendo la suerte que tenía de vivirlos y de los padres que me habían tocado, todos estos momentos, se esfumaron de un segundo al otro.
Yo, que siempre fui de pensar mucho, reflexionar y tener algún que otro síntoma de ansiedad por eso, JAMÁS pensé ni se me ocurrió que mis viejos iban a morir tan jóvenes, de una forma tan rápida y repentina. Tampoco pensé que mi forma de atravesar el duelo iba a ser esta, de hecho siempre creí que el día que murirera mi mami, me iba con ella. Es que, y esto si que lo sostengo, no se cuidarme, era ella quien lo hacía. Yo respiraba por mi mamá, vivía, quizás, sueños míos pero para verla con los ojos brillando por mi felicidad. Lloraba a las 3 de la tarde porque era el horario en que ella no estaba en casa, y cuando lloraba delante de ella, que han sido muchas veces y con la necesidad imperiosa, como ahora, de su abrazo, era, en un punto, porque aquello que me dolía a mi, le dolía a ella.
Creo que no escribo todo esto para dar lástima, de hecho, me resulta el peor sentimiento que alguien puede sentir hacia otra persona, digo, podes comprender, ponerte en el lugar y que te angustie, pero lástima? lástima no quiero de nadie, yo quiero abrazos, para intentar (que, lamentablemente nadie más va a poder hacerlo) suplantar a los de mis viejos.
El dolor más grande, es para mi, ya no el hecho de que no estén en momentos tan especiales para mi como cuando me egrese, o como familia como cuando se egresó mi hermano, ni hablar de la falta de sus abrazos en esos y los momentos difíciles (es que, a quien quiero llamar porque estoy triste por la muerte de mis padres, es a mi vieja.), el dolor más grande es cuando "me cae la ficha" de que nunca más voy a volver a tener un abrazo de ellos, que si se me corta la luz, no voy a poder llamar a mi papá para que me ayude, que si encuentro pareja, me caso, tengo hijos, me vuelvo a egresar, mis papás no lo van a vivir. Sus cuerpos ya no respiran, y por tanto, quienes los amamos nos perdemos de su presencia. Y su calidez. Hay algo sin embargo, que me deja serena, y es el hecho que han vivido, y han vivido bien. Yo me creía egoísta, porque creía que el dolor que siento era porque a MI se me habían muerto mis papás, pero entendí, que en realidad, lo que más me duele, es que sean ellos quienes ya no están. Nosotros, aunque con la ausencia tan grande de ambos, seguimos sitiendo, incluso el dolor de no tenerlos, pero ellos, no pueden. Y me duele. Porque se han perdido y, probablemente se pierdan miles de cosas que se, les hubiera gustado vivir. Y en este pensar me reconforto, han sabido, ambos, dejarnos el mejor legado, pensar primero en el otro, tener don de gente, seguir adelante incluso cuando se cree que ya no se puede más.
Gracias María Marcela y Gabriel Eduardo, de este lado del universo siguen en nosotros. Los amo y extraño.
F.
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